Vas en el metro, un martes cualquiera, y de repente el corazón se dispara. Te falta el aire, te sudan las manos, el vagón empieza a parecer más pequeño y una certeza se impone sobre todo lo demás: te está dando un infarto, o te vas a desmayar, o te estás volviendo loco. Te bajas en la siguiente parada. Diez minutos después, sentado en un banco del andén, la cosa ha pasado y solo queda el agotamiento y el susto.

Eso es un ataque de pánico. Es una de las experiencias más aterradoras que puede tener alguien sin estar en peligro real, y precisamente porque se vive como una amenaza de muerte, casi nadie la reconoce la primera vez.

Qué es un ataque de pánico

Es un episodio de miedo intenso que aparece de golpe y alcanza su punto máximo en pocos minutos. El servicio nacional de salud británico lo describe como la forma más intensa de ansiedad y precisa que la mayoría duran entre cinco y veinte minutos.

Puede tener un desencadenante claro —un lugar cerrado, una situación de estrés— o aparecer aparentemente de la nada, incluso en reposo o despertando a alguien a media noche. Esa aparente falta de motivo es lo que más desconcierta y lo que más miedo da.

Un dato que alivia: tener uno aislado en la vida es bastante frecuente, mucho más de lo que la gente cree, y no significa tener un trastorno. Lo que marca la diferencia es lo que pasa después, como veremos.

Cómo se siente

El NHS enumera los síntomas con detalle, y ver la lista entera suele ser lo primero que tranquiliza, porque casi todo el mundo reconoce los suyos:

  • Corazón acelerado o palpitaciones.
  • Sensación de desmayo, mareo o inestabilidad.
  • Dolor u opresión en el pecho.
  • Falta de aire o sensación de ahogo.
  • Sudor, sofocos o escalofríos.
  • Temblor, piernas que flojean.
  • Náuseas o el estómago revuelto.
  • Hormigueo o entumecimiento, a menudo en los dedos.
  • Boca seca.
  • Sensación de estar desconectado del propio cuerpo o de que lo que te rodea no es real.
  • Miedo intenso a morir, a perder el control o a volverse loco.

No hace falta tenerlos todos. Y el último punto es el que define el episodio: no es solo que el cuerpo haga cosas raras, es la interpretación catastrófica de lo que está haciendo.

Por qué parece un infarto

El cuerpo se prepara para una emergencia

Lo que ocurre en un ataque de pánico es que el sistema de alarma del organismo se dispara a plena potencia sin que haya nada delante. Es la misma respuesta que te haría saltar si un coche se te echa encima: el corazón bombea más sangre a los músculos, la respiración se acelera para meter oxígeno, se suda para refrigerar, la sangre se retira de la piel y del estómago.

Todo eso es útil para correr o pelear. Sentado en un vagón, sin nada contra lo que correr, se vive como un fallo del cuerpo. La respiración rápida, además, altera el equilibrio de gases en sangre y produce justo el hormigueo, el mareo y la sensación de irrealidad que más asustan.

La interpretación que lo dispara

El ataque se alimenta de sí mismo. Notas el corazón acelerado, lo interpretas como un infarto, el miedo acelera todavía más el corazón, y eso confirma la interpretación. Es un círculo de pocos segundos, y por eso la subida es tan rápida.

El propio NHS insiste en un punto que conviene repetir: aunque los ataques de pánico son muy angustiosos, no son peligrosos y no causan daño físico.

Cuándo sí hay que ir a urgencias

Dicho esto, hay una advertencia que no es negociable. Muchos de estos síntomas coinciden con los de otros problemas médicos, incluidos los cardíacos. Si es la primera vez, si el dolor de pecho es intenso o distinto a otras veces, o si tienes factores de riesgo cardiovascular, se consulta en urgencias. Descartar lo orgánico no es exagerar: es lo que luego permite estar tranquilo cuando vuelva a pasar.

Qué hacer durante un ataque

Lo que funciona no es intuitivo, porque el instinto dice que hay que huir o pelear contra lo que sientes.

  • Recordarte lo que es. «Esto es un ataque de pánico, es muy desagradable y va a pasar en unos minutos.» Ponerle nombre corta parte de la interpretación catastrófica.
  • No salir corriendo si puedes evitarlo. Quedarte donde estás, aunque sea incómodo, enseña al cerebro que el lugar no era peligroso. Huir le enseña lo contrario.
  • Respirar despacio, alargando la espiración. Inspirar por la nariz contando hasta cuatro y soltar el aire contando hasta seis u ocho. No hace falta hacerlo perfecto; basta con frenar el ritmo.
  • Anclarte en los sentidos. Nombrar mentalmente cinco cosas que ves, cuatro que puedes tocar, tres que oyes. Saca la atención del bucle interno.
  • Dejar que las sensaciones suban. Luchar contra ellas las amplifica. Aceptar que el corazón va rápido y esperar a que baje suele acortar el episodio.

Si estás con alguien a quien le está pasando, lo más útil es estar tranquilo a su lado, hablar despacio y no agobiarle con preguntas.

Ataque de pánico no es lo mismo que trastorno de pánico

Aquí está la distinción que más importa y la que casi nunca se explica.

Un ataque aislado es un episodio. El trastorno de pánico aparece cuando los ataques se repiten y, sobre todo, cuando se instala el miedo a que vuelvan. El NHS lo describe como vivir con miedo al miedo: la persona empieza a evitar situaciones por si acaso, y esa evitación genera más ansiedad, que a su vez hace más probable otro ataque.

Así es como el mundo se va encogiendo. Primero se deja el metro, luego los centros comerciales, luego los viajes, luego salir sin alguien de confianza. Cuando la evitación se generaliza a lugares de los que parece difícil escapar o recibir ayuda, se habla de agorafobia, que con frecuencia acompaña al trastorno de pánico.

La buena noticia está en el mismo mecanismo: lo que mantiene el problema es la evitación, y eso es exactamente lo que se trabaja en tratamiento.

Mujer sentada en un banco junto al río con los ojos cerrados, respirando con calma después de un ataque de pánico

Cuándo mirarlo con más atención

Un ataque aislado no requiere tratamiento, pero conviene prestarle atención cuando los episodios se repiten, cuando pasas buena parte del día pendiente de si va a volver, o cuando has empezado a evitar sitios o situaciones por miedo a que ocurra allí.

Los cuestionarios de cribado ayudan a poner número a lo que hay debajo. El Test de ansiedad mide la preocupación y la activación física, que es el terreno del que suele salir el pánico. El Test de ansiedad social es el indicado si los ataques aparecen sobre todo en situaciones donde te sientes observado o evaluado. Y el Test de estrés sirve si todo arrancó en una temporada de sobrecarga. Están en el catálogo de tests psicológicos, son gratuitos y anónimos, y el resultado se calcula en tu propio dispositivo. En la guía sobre el Test de salud mental: qué mide, cuáles hay y cómo interpretar el resultado explicamos cómo leer esas puntuaciones.

En MedlinePlus hay información general sobre el trastorno de pánico para situarse.

Qué tratamiento funciona

Aquí las guías clínicas son claras, y conviene saberlo antes de aceptar lo primero que se ofrezca.

Para el trastorno de pánico, la guía del instituto británico NICE establece que debe usarse terapia cognitivo-conductual, y sitúa su duración óptima en un total de siete a catorce horas. Es un tratamiento relativamente corto para lo que consigue. Trabaja la interpretación de las sensaciones corporales y, sobre todo, la exposición gradual tanto a las situaciones evitadas como a las propias sensaciones que asustan, hasta que dejan de leerse como una amenaza. El funcionamiento general lo explicamos en Terapia cognitivo-conductual: qué es, cómo funciona y para qué sirve.

La misma guía es igual de clara en lo contrario: las benzodiacepinas se asocian a peores resultados a largo plazo y no deberían prescribirse para el trastorno de pánico. Cortan un ataque, pero consolidan la idea de que hace falta algo externo para sobrevivirlo. Si ya las tomas, no las dejes por tu cuenta; el porqué y el cómo lo contamos en Ansiolíticos o terapia: qué funciona mejor para la ansiedad.

Y si decides dar el paso, en Cuándo ir al psicólogo: señales, dudas frecuentes y qué pasa en la primera sesión está lo que ocurre en esa primera cita.

Si tu resultado te preocupa o quieres una valoración profesional, puedes hablar con Xènia Capel Salcedo, psicóloga colegiada (COPC 14982), que ofrece una primera sesión informativa gratuita y terapia online desde cualquier lugar.

Equipo de MyPsicoTest · Actualizado: