Le duele la tripa cada lunes por la mañana. Llora antes de entrar al colegio, aunque en casa dice que todo va bien. Las rabietas, que parecían cosa de los tres años, han vuelto con nueve y cada vez duran más. O quizá es tu hija de catorce, que ya no sale de su cuarto y contesta con monosílabos. Y tú no sabes si es una etapa que pasará sola o si deberías hacer algo.

Saber cuándo llevar a un niño al psicólogo es una de las dudas más frecuentes de madres y padres, y no tiene una respuesta única. La mayoría de las preocupaciones infantiles forman parte de crecer. Otras no, y cuanto antes se atienden, mejor. Esta guía te ayuda a distinguir unas de otras, a reconocer las señales que merecen una consulta y a saber qué pasa en una sesión con un psicólogo infantil.

¿Es una etapa o algo más?

Muchos miedos y preocupaciones son normales según la edad. El servicio nacional de salud británico (NHS) recuerda que entre los seis meses y los tres años es muy común la ansiedad por separación, que suele desaparecer hacia los dos o tres años, y que en la etapa preescolar son habituales los miedos a los animales, los insectos, las tormentas, las alturas, el agua, la sangre o la oscuridad, que casi siempre se van solos. Es normal también ponerse nervioso al cambiar de colegio o antes de un examen, y hay niños tímidos que necesitan un poco de apoyo en situaciones sociales.

La misma fuente da la clave para saber cuándo deja de ser normal: la ansiedad se convierte en un problema cuando es muy intensa o va a más y no desaparece, y cuando interfiere en el día a día y le impide hacer cosas que antes disfrutaba. Traducido a tres preguntas sencillas:

  • ¿Cuánto dura? Una mala semana no es lo mismo que tres meses.
  • ¿Cuánto interfiere? Si le impide ir al colegio, dormir, comer o ver a sus amigos, pesa más.
  • ¿Es un cambio? Un niño que siempre fue tranquilo y de pronto está irritable dice más que uno que siempre fue movido.

No es una exageración preocuparse. La Organización Mundial de la Salud calcula que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años tiene algún trastorno mental, que muchos no reciben el reconocimiento ni el tratamiento que necesitan y que, cuando no se tratan, sus consecuencias se extienden a la edad adulta.

Las señales cambian mucho con la edad, porque un niño pequeño no siempre sabe explicar lo que siente y lo expresa con el cuerpo o con la conducta.

En los más pequeños

Según el NHS, cuando un niño pequeño está ansioso puede notarse que está irritable, llora con facilidad o no quiere separarse de ti, que le cuesta dormir o se despierta por la noche, que vuelve a mojar la cama o que tiene pesadillas. Las explosiones de rabia, la tristeza que no se va o los problemas de conducta que se repiten también son señales que conviene consultar.

En niños en edad escolar

En niños algo mayores, el NHS describe que les falta confianza para probar cosas nuevas, que les cuesta concentrarse, que duermen o comen mal, que tienen explosiones de enfado, muchos pensamientos negativos o la idea de que va a pasar algo malo, y que empiezan a evitar cosas cotidianas como ver a sus amigos, salir o ir al colegio. Los dolores de tripa o de cabeza que aparecen justo antes de clase y desaparecen el fin de semana merecen atención, igual que las dificultades para hacer amigos.

En adolescentes

En la adolescencia cuesta más distinguir lo normal de lo que no, porque los cambios de humor forman parte de la edad. El NHS lo reconoce y enumera como posibles señales de depresión en adolescentes la tristeza o el ánimo bajo continuos, llorar a menudo, expresar desesperanza, estar irritable, disfrutar poco o nada de lo que antes le gustaba, aislarse cada vez más y dormir mal. También recoge señales de un posible trastorno alimentario: quejarse de estar gordo con un peso normal o bajo, hacer creer que ha comido cuando no lo ha hecho, esconder sus hábitos de comida o angustiarse cuando se le pide que coma.

Señales que no pueden esperar

Hay situaciones en las que no conviene esperar a ver si pasa. El NHS incluye entre las señales de autolesiones los cortes, moratones o quemaduras sin explicación, sobre todo en muñecas, brazos, muslos o pecho, e ir siempre tapado incluso con calor. Si ocurre esto, si tu hijo habla de morir o de no querer vivir, si deja de comer o si sospechas que alguien le está haciendo daño, busca ayuda hoy mismo:

  • Ante un peligro inmediato, el 112.
  • Si hay pensamientos de suicidio, la Línea 024, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, que también atiende a familiares.
  • La Fundación ANAR atiende a niños y adolescentes en el 900 20 20 10.

Qué hace un psicólogo infantil

Mucha gente imagina la terapia infantil como un adulto preguntando y un niño contestando. No suele ser así. Lo habitual es empezar hablando con los padres para entender qué pasa, desde cuándo y en qué situaciones, y después conocer al niño con técnicas adaptadas a su edad. El juego, el dibujo o los cuentos permiten que un niño exprese cosas que no sabría decir con palabras.

Psicólogo infantil mostrando tarjetas de emociones a una niña durante una sesión de terapia infantil

En la terapia infantil, los padres forman parte del proceso. Además de las sesiones con el niño, suele haber sesiones de orientación con la familia para entender lo que está pasando, acordar pautas para casa y reforzar lo que se trabaja en consulta. En niños muy pequeños, buena parte del trabajo se hace precisamente con los padres.

Cómo hablar con tu hijo antes de ir

El NHS da algunas pautas para hablar con un adolescente que no quiere contar lo que le pasa: evitar el interrogatorio constante, decirle con sinceridad que estás preocupado, recordarle que estarás ahí cuando quiera hablar, no culparte por lo que le ocurre y, en la medida de lo posible, dejar que participe en la decisión de dónde pedir ayuda. Con los niños más pequeños funciona explicarlo de forma sencilla y sin dramatismo, por ejemplo como una persona que ayuda a los niños cuando algo les preocupa o les pone tristes.

Y algo que a veces se olvida: el NHS señala que las discusiones y los conflictos en la familia pueden hacer que los niños se sientan inseguros y ansiosos. Cuidar de tu hijo incluye cuidarte a ti. Si vas desbordado, el Test de estrés te ayudará a medirlo, y si crees que tú también necesitas ayuda, lo explicamos en Cuándo ir al psicólogo: señales, dudas frecuentes y qué pasa en la primera sesión. Lo que se vive en la infancia deja huella en la edad adulta, como contamos en Trauma infantil en adultos: cómo se manifiesta y qué se puede hacer, y por eso actuar a tiempo compensa.

Cómo elegir psicólogo infantil

Tres comprobaciones básicas: que el profesional esté colegiado y tenga habilitación sanitaria, que tenga experiencia específica con niños y adolescentes, y que cuente con la familia en el proceso.

En MyPsicoTest recomendamos a Xènia Capel Salcedo, psicóloga sanitaria colegiada (COPC 14982) con máster en Psicología Clínica y Psicoterapia, que ofrece terapia infantil en su consulta de Igualada y también online. Trabaja con técnicas adaptadas a cada edad, como la terapia de juego y las relajaciones con sonidos y música, y combina las sesiones con el niño con sesiones de orientación para los padres. Según explica en su web, la terapia infantil puede empezar hacia los tres o cuatro años; antes, el trabajo se centra sobre todo en orientar a la familia. La primera sesión informativa es gratuita. Si os resulta más cómodo, la terapia online también es una opción; si nunca has hecho una videollamada con una psicóloga, lee antes Psicóloga online: cómo elegir bien y qué esperar de la terapia por videollamada.

Si tu resultado te preocupa o quieres una valoración profesional, puedes hablar con Xènia Capel Salcedo, psicóloga colegiada (COPC 14982), que ofrece una primera sesión informativa gratuita y terapia online desde cualquier lugar.

Equipo de MyPsicoTest · Actualizado: