Tienes treinta y ocho años y llevas toda la vida con la sensación de que a los demás les dieron un manual que a ti no. Las cenas de grupo te dejan sin energía aunque te lo hayas pasado bien, las indirectas se te escapan, tus rutinas apenas han cambiado en años y hay temas de los que podrías hablar durante horas. Un día lees sobre el síndrome de Asperger en adultos y, por primera vez, muchas piezas encajan.

No es una rareza. Cada vez más personas llegan a esa palabra en la edad adulta, a menudo después de años de diagnósticos que no terminaban de explicar lo que les pasaba. Esta guía cuenta qué fue del diagnóstico de Asperger, cómo se manifiesta de adulto, por qué tanta gente lo descubre tarde y qué test puede orientarte antes de pedir una evaluación.

Qué era el síndrome de Asperger y qué es hoy

El nombre del síndrome de Asperger viene de Hans Asperger, un pediatra vienés que en 1938 describió a un grupo de niños con unas características psicológicas muy marcadas, unos años antes del famoso trabajo de Leo Kanner sobre el autismo, publicado en 1943. Su estudio más completo apareció en 1944, pero no tuvo reconocimiento internacional hasta los años ochenta, que es cuando empezó a extenderse la etiqueta.

Los manuales diagnósticos la usaron durante años para describir a personas autistas sin retraso del lenguaje ni discapacidad intelectual. Eso cambió en 2013. Desde el DSM-5, el Asperger forma parte del trastorno del espectro autista (TEA), que el manual gradúa en tres niveles según el apoyo que necesita cada persona, y la clasificación de la OMS (CIE-11) también lo integró en el espectro. Como resume MedlinePlus, el servicio de información sanitaria de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, el trastorno del espectro autista incluye lo que antes se conocía como síndrome de Asperger.

En la práctica, un adulto que en los años noventa habría recibido un diagnóstico de Asperger hoy recibe un diagnóstico de autismo, normalmente sin discapacidad intelectual. No es otra cosa: es la misma realidad con otro nombre.

Por qué cada vez se usa menos el término

Hay dos motivos. El primero es ese cambio de clasificación. El segundo tiene que ver con el propio Asperger. Un estudio del historiador Herwig Czech, publicado en 2018 a partir de documentos de archivo, concluyó que se acomodó al régimen nazi, que legitimó públicamente sus políticas de «higiene racial», incluidas las esterilizaciones forzosas, y que en varias ocasiones colaboró activamente con el programa de «eutanasia» infantil. Por eso muchas personas autistas y muchos profesionales prefieren hablar simplemente de autismo. Quien recibió en su día el diagnóstico de Asperger y se identifica con él puede, por supuesto, seguir usándolo.

Señales del Asperger en adultos

El servicio nacional de salud británico (NHS) explica que las señales del autismo en adultos se parecen a las de la infancia, aunque muchas personas han aprendido a adaptarse y no siempre se notan. Estas son las más habituales.

En la comunicación y las relaciones

  • Te cuesta hablar con otras personas.
  • Pasas más tiempo a solas que con otras personas.
  • Te resulta difícil interpretar las expresiones de la cara, los gestos o el tono de voz.
  • Entiendes las cosas de forma literal y te cuestan las frases hechas y las ironías.
  • Hacer amistades o mantener una relación de pareja te ha costado más que a los demás.

En las rutinas y los intereses

  • Tienes formas fijas de hacer las cosas y los cambios en tu rutina te alteran mucho.
  • Algunos temas te interesan de forma muy intensa, hasta el punto de dedicarles horas.
  • Repites ciertos movimientos que te calman, como balancearte, mover las manos o los dedos.
Hombre revisando con atención las fichas de un archivo, reflejo de los intereses intensos y el gusto por el detalle

En los sentidos

El NHS incluye también las diferencias sensoriales: ser muy sensible, o muy poco, a la luz, los sonidos, los olores, los sabores o las texturas. Un restaurante ruidoso o un centro comercial pueden desbordarte mucho antes que a quienes te acompañan. Si lo que más te identifica es la sensibilidad, compara también con Persona altamente sensible: qué dice la evidencia y qué puede haber debajo.

El precio de disimular

Una de las claves del Asperger en adultos es el enmascaramiento: aprender a copiar lo que hacen los demás para pasar desapercibido. Según el NHS, disimular así hace que el día a día y las relaciones resulten agotadores y estresantes. Es más frecuente en mujeres, que suelen imitar el comportamiento de otras personas, parecer que se manejan bien en situaciones sociales y mostrar menos conductas repetitivas, aunque los hombres también lo hacen. Por eso, reconoce el NHS, en ellas las señales cuestan más de ver.

Por qué tantos adultos descubren tarde que tienen Asperger

El diagnóstico tardío es muy habitual. La Organización Mundial de la Salud calcula que en 2021 aproximadamente 1 de cada 127 personas era autista, y recuerda que, aunque los rasgos pueden detectarse en la primera infancia, a menudo el diagnóstico llega mucho más tarde.

Los investigadores Meng-Chuan Lai y Simon Baron-Cohen, del Centro de Investigación en Autismo de la Universidad de Cambridge, hablaron en 2015 de una generación perdida: adultos que quedaron fuera de los diagnósticos de autismo clásico antes de que los criterios se ampliaran y apareciera la idea de espectro. Diagnosticar a un adulto tiene además dificultades propias: a veces no hay nadie que pueda contar cómo era de niño, la persona ha desarrollado estrategias de camuflaje y es frecuente que haya otros problemas que tapan el cuadro. Los autores advierten de que los errores de diagnóstico son especialmente probables en mujeres.

El NHS lo confirma desde el otro lado: las señales son más difíciles de ver cuando hay ansiedad, depresión, un trastorno alimentario o TDAH. No es raro llegar al autismo después de años tratando una de esas cosas. Si te interesa el panorama general, lo contamos en Neurodivergencia en adultos: qué es, señales y por dónde empezar.

Con qué se confunde el Asperger en la edad adulta

Lai y Baron-Cohen señalan que, al valorar a un adulto, hay que prestar especial atención a la ansiedad, la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo y los trastornos de la personalidad, porque pueden parecerse al autismo o sumarse a él. Hay dos casos que conviene mirar con detalle:

  • TDAH. El NHS recuerda que es más frecuente en las personas autistas, y los dos pueden darse a la vez. Si además de lo anterior te reconoces en los despistes y la impulsividad, el Test de TDAH te ayudará a verlo.
  • Ansiedad social. Por fuera se parecen, porque en los dos casos se evitan situaciones sociales. La diferencia está en el motivo: en la ansiedad social manda el miedo a ser juzgado; en el autismo, la dificultad está en la propia comunicación social. También pueden coexistir, y el Test de ansiedad social ayuda a separarlos.

Cómo saber si es Asperger: el test y el diagnóstico

Un test de Asperger y un test de autismo evalúan exactamente lo mismo, porque hoy son el mismo diagnóstico. El Test de autismo (TEA) de MyPsicoTest tiene 20 preguntas sobre cómo has sido a lo largo de toda tu vida, no solo en los últimos meses, y se hace en unos seis minutos. Mide tres dimensiones: la comunicación e interacción social, la sensibilidad sensorial y las rutinas, intereses y flexibilidad. Está inspirado en los dominios de dos de los cuestionarios de cribado más utilizados en adultos, el AQ y la escala RAADS-R, cuyo nombre completo, por cierto, todavía incluye la palabra Asperger. El resultado te da una puntuación global y otra por cada dimensión.

Un test no diagnostica. Si tu puntuación es alta, el siguiente paso es una evaluación del autismo en adultos con un profesional con experiencia. Según Lai y Baron-Cohen, el proceso incluye el cribado, entrevistas contigo y, si es posible, con alguien que te conozca desde pequeño, y una valoración de cómo funcionas en el día a día. El NHS aconseja empezar por el médico de familia.

¿Merece la pena a estas alturas? Para mucha gente, sí. El NHS recuerda que el autismo no es una enfermedad y no se «cura», pero hay formas de manejarlo y de recibir apoyo, y la OMS señala que las intervenciones psicosociales basadas en la evidencia pueden mejorar la comunicación social y el bienestar. Poner nombre a lo que te pasa también ayuda a dejar de culparte por lo que te cuesta. El resto de cuestionarios están en el catálogo de tests psicológicos.

Si tu resultado te preocupa o quieres una valoración profesional, puedes hablar con Xènia Capel Salcedo, psicóloga colegiada (COPC 14982), que ofrece una primera sesión informativa gratuita y terapia online desde cualquier lugar.

Equipo de MyPsicoTest · Actualizado: